En
1812, con el propósito de distinguirse del ejército invasor realista, Manuel
Belgrano instauró el uso de la escarapela para todas las tropas del ejército
revolucionario.
En la actual ciudad de
Rosario, el 13 de febrero de 1812, Manuel Belgrano le solicitó al Primer Triunvirato
que avalara el uso de una escarapela nacional con los colores blanco y azul
celeste.
"Sea
la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de color
blanco y azul celeste", estableció el Triunvirato reconociendo el uso de la
escarapela como insignia patria.
El objetivo era tanto
uniformar a todas las tropas de las Provincias Unidades del Río de La Plata
como distinguirlas del ejército enemigo, que utilizaba el color rojo. Una
semana más tarde, el 27 de febrero de 1812, Manuel Belgrano le informó al
triunvirato que: “Siendo preciso enarbolar la bandera, y no teniéndola,
la mandé hacer celeste y blanca, conforme a los colores de la escarapela
nacional”.
Muchos años después, en
1935, el Consejo Nacional de Educación eligió una fecha para homenajear a la
insignia y decretó que fuera el 18 de mayo.
Los símbolos nacionales dan sentido de pertenencia, nos identifican, nos unen en las diferencias. Usarlos y significarlos es parte fundamental de la construcción de una identidad, de formar parte de un territorio, un Estado o una Nación. Sólo así estaremos honrando a nuestra historia, a nuestros próceres, a nuestra patria y fundamentalmente, a las futuras generaciones de argentinos.
¡Luzcamos con orgullo los colores de nuestra Argentina!