Recibamos la Navidad, con un corazón gianellino.

Toda la obra de Gianelli conduce a una única meta: hacerse santo, y comenzando por uno mismo, santificar a los demás, ayudarlos a alcanzar cada vez más a Dios. La santidad pasa por lo ordinario, lo cotidiano, las pequeñas cosas de todos los días hechas bien, hechas para agradar a Dios y no para complacer a los hombres.

Gianelli decía: “Permanezcamos unidos. Busquemos, actuemos, persigamos lo que conocemos. La virtud unida es más fuerte. Una cuerda hecha de tres cabos difícilmente se rompe”… si el desafío es éste, es necesario luchar continuamente, también contracorriente, para llegar a un mismo sentir, a un mismo pensar, a un mismo querer y a un mismo obrar para la gloria de Dios y la difusión del Evangelio (…)

Hoy los gianellinos, fieles a la vocación bautismal y arraigados en el Evangelio, se acercan al corazón del carisma de san Antonio Gianelli, para comprender, profundizar y vivir su espíritu en un compromiso de vida que asume la “santidad” como motivo inspirador y conductor.

Inmersos en un mundo cada vez más alejado de Dios, los gianellinos asumen la fe, al estilo de San Antonio, quien en sus homilías y discursos1 animaba a enfrentar los grandes desafíos que la realidad de su tiempo los interpelaba: “el espíritu de vértigo; insubordinación; indiferencia religiosa; incredulidad; libros infernales; doctrinas perniciosas corruptoras de las costumbres; destructoras de la verdadera y sólida piedad; error; impiedad; amor a las ganancias; amor a los placeres”2… “La juventud no piensa ya más que en la diversión y en el placer, y las personas juiciosas y los padres de familia mismos, en lugar de echarse a temblar u horrorizarse o llorar al menos ante Dios y cavilar en el remedio, aplauden muy a menudo a la disipación general y muchos incluso no tienen rebozo en hacerse guías y promotores”3 .

Hoy podemos preguntarnos ¿dónde estaría Gianelli en esta Navidad?

 Estaría junto a los enfermos, los olvidados, los más pobres; los más vulnerables… Su presencia sigue viva si sabemos mirar a quien albergue en su corazón, el mismo deseo de santidad que lo consumía: en el cuarto donde el anciano enfermo espera compañía; en el corazón del niño que no sabe cómo pedir ayuda; en los ojos del pequeño que sueña con estudiar; en la mesa vacía del pobre que calla su necesidad; en el silencio del que necesita un consejo antes de caer…

Si Gianelli compartiera la Navidad hoy…estaría donde los gianellinos podemos estar.






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